¿Por qué algunas experiencias siguen afectándonos años después?

Comprender cómo responde nuestro sistema nervioso puede ayudarnos a entender por qué algunas experiencias siguen influyendo en nuestro bienestar emocional mucho tiempo después, y cómo la terapia puede ayudarnos a recuperar el equilibrio.

Consulta de psicología en Centro EIZA, Bilbao

Comprender lo que nos ocurre es, muchas veces, el primer paso para empezar a sentirnos mejor.

Algunas experiencias terminan, pero su impacto puede permanecer mucho más tiempo. Comprender cómo responde nuestro sistema nervioso nos ayuda a entender por qué, en ocasiones, vivimos en alerta y, en otras, nos sentimos bloqueados o desconectados.

Hay personas que llegan a consulta convencidas de que tienen un problema porque no consiguen "pasar página". Han pasado meses o incluso años desde aquella experiencia, pero siguen sintiéndose en alerta, les cuesta descansar o reaccionan con intensidad ante situaciones que, aparentemente, no deberían afectarles tanto. Entonces aparece una pregunta que suele ir acompañada de mucha culpa: "¿Qué me pasa?"

Quizá la pregunta no sea qué me pasa, sino qué he vivido para qué mi cerebro siga intentando protegerme.

Nuestro cerebro dispone de un sistema de protección cuya función principal es mantenernos con vida. Cuando detecta una situación de peligro, pone en marcha una serie de respuestas automáticas destinadas a aumentar nuestras posibilidades de mantenernos a salvo. En algunas ocasiones el organismo se activa intensamente: el corazón se acelera, los músculos se tensan y toda nuestra atención se dirige hacia aquello que considera importante para protegernos. En otras palabras, responde bloqueándose: aparece una sensación de desconexión, falta de energía, dificultad para reaccionar o incluso para conectar con lo que sentimos. Aunque estas respuestas parezcan muy diferentes, forman parte de un mismo mecanismo extraordinario que ha permitido la supervivencia de nuestra especie.
Cuando el peligro desaparece, lo esperable es que nuestro organismo recupere progresivamente la sensación de seguridad y vuelva a un estado de equilibrio. Sin embargo, algunas experiencias son tan intensas, inesperadas o prolongadas que el sistema nervioso puede seguir funcionando como si la amenaza aún estuviera presente.

Nuestro sistema nervioso no intenta hacernos daño. Intenta mantenernos a salvo.

Y no siempre lo hace de la misma manera. En algunas personas mantiene el organismo en un estado de alerta constante, preparado para reaccionar ante cualquier señal de peligro. En otras, reduce la intensidad de sus respuestas, favoreciendo el bloqueo, la desconexión emocional, la sensación de vacío o la falta de energía. Aunque estas reacciones puedan parecer opuestas, comparten un mismo propósito: protegernos cuando nuestro cerebro interpreta que todavía no es completamente seguro bajar la guardia.
En algunas personas esto se traduce en un estado de alerta constante. Se sobresaltan con facilidad, les cuesta descansar, viven con ansiedad o sienten la necesidad de tenerlo todo bajo control.
En otras, ocurre justo lo contrario. En lugar de permanecer en alerta, sienten que les falta energía, que les cuesta conectar con sus emociones, reaccionar o incluso disfrutar de aquello que antes les hacía sentir bien. Algunas describen esta experiencia como si estuvieran funcionando "en piloto automático" o como si una parte de ellas se hubiera desconectado para seguir adelante.
Aunque estas respuestas parezcan muy diferentes, tienen algo en común: no son un signo de debilidad. Son distintas formas en las que nuestro sistema nervioso intenta protegernos y adaptarse cuando interpreta que la amenaza aún no ha terminado.

No siempre necesitamos olvidar lo que hemos vivido. A veces necesitamos que nuestro cerebro deje de reaccionar como si siguiera ocurriendo.

Muchas personas describen que viven con ansiedad, dificultad para dormir, sensación constante de alerta, irritabilidad o necesidad de tenerlo todo bajo control. Otras hablan de cansancio, tensión física o bloqueos emocionales. Con frecuencia interpretan estos síntomas como un signo de debilidad, cuando en realidad pueden ser la expresión de un sistema nervioso que sigue intentando protegerlas.
No todas las experiencias que dejan huella son grandes tragedias. Una enfermedad, una hospitalización, una pérdida importante, una infancia marcada por la inseguridad, una relación donde predominó el miedo o incluso periodos prolongados de estrés pueden influir en nuestro bienestar emocional. Lo importante no es comparar el sufrimiento, sino comprender cómo nos ha afectado aquello que hemos vivido.
Hoy disponemos de tratamientos psicológicos respaldados por la evidencia científica que ayudan a procesar estas situaciones que vivimos  y a disminuir ese estado de alerta permanente. Entre ellos se encuentra la terapia EMDR, ampliamente utilizada en el abordaje del trauma psicológico y de otras dificultades relacionadas con acontecimientos que no pudieron procesarse adecuadamente en su momento.
Pedir ayuda psicológica no significa ser débil. Significa reconocer que merecemos vivir con más tranquilidad, recuperar la sensación de seguridad y dejar de sentir que el pasado sigue condicionando nuestro presente. Comprender lo que nos ocurre suele ser el primer paso para empezar a sentirnos mejor.
Para seguir profundizando:  Si este tema te ha resultado interesante, estas lecturas pueden ayudarte a comprender mejor cómo las experiencias difíciles pueden influir en nuestro bienestar emocional:  "El cuerpo tiene memoria", de Natalia Seijo.  Una obra divulgativa que explica de forma clara y cercana cómo determinadas experiencias pueden dejar huella en nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestra manera de relacionarnos con el mundo.

Comprender lo que nos ocurre no cambia lo que hemos vivido, pero sí puede cambiar la forma en que empezamos a cuidarnos.

Elixabete Eizaguirre es Psicóloga General Sanitaria, Consultora EMDR Europa y directora de Centro EIZA. Desarrolla su labor clínica desde un enfoque basado en la evidencia científica, acompañando a personas que desean comprender mejor lo que les ocurre y recuperar su bienestar emocional. 

Temas relacionados

trauma psicológicoterapia EMDRansiedadsalud mentalpsicología en BilbaoCentro EIZAtraumatrauma y ansiedad

Noticias Relacionadas