El proyecto, que se enmarca dentro del plan inversor de Aena para el periodo 2027-2031, contemplaba una ejecución de ocho años. La complejidad de los trabajos, que deben realizarse manteniendo la operatividad de las instalaciones, ha sido señalada como el principal factor que ha disuadido a las empresas constructoras.
“"La realidad es que el riesgo que el mercado ha atribuido a este proyecto es mayor de lo previsto."
La intervención requiere demoler áreas específicas de la terminal y levantar nuevas estructuras, un desafío técnico al que se suma la incertidumbre sobre los costes de construcción a largo plazo. A pesar de este resultado inicial, la dirección de Aena ha descartado que la actuación esté en peligro.
Los técnicos del gestor aeroportuario se encuentran actualmente evaluando las condiciones del contrato para ajustar la licitación. El objetivo es presentar una nueva propuesta que resulte más atractiva para el mercado y permita cumplir con los requisitos de inversión previstos para el archipiélago canario.




