La jubilación de la generación del 'baby boom' ha puesto el foco en la migración como solución a la falta de jóvenes que sostengan el sistema de pensiones. Sin embargo, en Canarias, la población nacida en el extranjero muestra un perfil cada vez más mayor. Un estudio de Funcas indica que la migración no solo no frena el envejecimiento del conjunto de la población, sino que lo eleva ligeramente, aumentando el índice en 0,05 puntos. Factores como el atractivo de las Islas como destino de retiro para europeos y el envejecimiento natural de quienes llegaron entre 2000 y 2008 explican esta tendencia.
Canarias registra 166 residentes mayores de 65 años por cada 100 menores de 15, superando la media nacional (161). Esta brecha se acentúa al observar solo a los residentes nacidos fuera de España, donde la ratio en el Archipiélago asciende a 203 mayores por cada 100 menores, situándose como el tercer valor más alto del país, tras Cantabria y Baleares.
Si bien la inmigración es crucial para el crecimiento poblacional en Europa, ya que el crecimiento vegetativo es negativo, el informe de Funcas matiza que su contribución es limitada. La migración puede aliviar temporalmente algunos efectos del cambio demográfico, pero no resuelve las causas de fondo.
El estudio advierte de las futuras repercusiones sobre los servicios públicos. El aumento de personas mayores de 54 años entre la población nacida fuera anticipa, en los próximos diez a quince años, una mayor demanda de servicios sanitarios y de dependencia. A esto se suma el impacto sobre el sistema de bienestar y el gasto en pensiones, ya que una parte de los inmigrantes que llegaron en la década de 2000 accederá a la jubilación tras haber trabajado en España, generando una "presión adicional sobre los sistemas de bienestar".
Este fenómeno se suma al desequilibrio estructural del sistema de pensiones español. La jubilación de los 'baby boomers' y el aumento de la esperanza de vida incrementarán el número de perceptores. El envejecimiento de la población migrante no sustituye la presión de la población autóctona, sino que la amplifica, presentando un reto presupuestario considerable.
El envejecimiento de la población migrante se explica por la concentración de llegadas en dos periodos (2000-2008 y 2021-2025). Quienes llegaron jóvenes en el primer periodo, hoy tienen entre 40 y 55 años. Además, las nuevas llegadas incluyen cada vez más personas mayores de 54 años, a menudo por reagrupación familiar, y menos menores de 15 años.
En destinos turísticos como Canarias y Baleares, la influencia como lugares de jubilación para europeos (alemanes, británicos, franceses, nórdicos) es notable. Por otro lado, los nacimientos de hijos de madres migrantes han disminuido un 10% entre 2009 y 2024, adaptándose al contexto de dificultades económicas y baja natalidad de las islas.




