Esta infraestructura, operada por Tenerife Shipyards, posiciona a la isla como un actor clave en el mantenimiento marítimo, al permitir la reparación en seco de buques de hasta 22.000 GT y 180 metros de eslora. Este tonelaje es crucial para los petroleros que distribuyen productos refinados en rutas de media distancia, como la que conecta la península con las Canarias, abarcando una parte significativa de la flota mundial.
El viaje del dique fue una odisea de dos meses, atravesando zonas de alto riesgo como el pasillo de la piratería de Malaca, el recodo de los secuestros de Bab al Mandab y el Canal de Suez, lo que requirió la contratación de un seguro de guerra. La llegada ha generado gran entusiasmo entre el equipo de la empresa, que se prepara para iniciar las operaciones de soldadura, pintura y ajuste de cascos.
“"Hoy vi muchas caras de ilusión en una empresa que tiene tintes familiares, de grupo de amigos, que rebosa ilusión y frescura; con ganas por empezar a soldar, pintar, y afinar cascos. Ha sido emocionante verlo en persona, y ahí debe estar la política, con los que apuestan y arriesgan creando riqueza colectiva."
Se espera que el dique reciba a su primer cliente en junio, una meta para la que ya se han realizado gestiones con las empresas de gestión de buques. Iniciativas como esta son fundamentales para la diversificación de la economía y el sector offshore en el archipiélago. Aún está por definirse si su operatividad se establecerá en Santa Cruz de Tenerife o en Granadilla, y si el Grupo Hidramar, que tuvo que expandirse a una nueva ubicación para crecer, considerará la implementación de un syncrolift como su próximo movimiento estratégico.




