“"Las naranjas y mandarinas pueden parecer frutos resistentes, pero, las que tienen la piel muy fina y pegada a la pulpa son muy vulnerables a un problema que preocupa y mucho a los agricultores, como es su rajado. Cuando la pulpa del fruto crece más rápido que su piel, la corteza no resiste la presión y aparece una grieta, que termina por provocar el rajado del fruto. Esos frutos ya no se pueden vender, lo que provoca importantes pérdidas económicas año tras año."
La UPV descubre cómo reducir el rajado del fruto en naranjas y mandarinas
Un equipo de la Universitat Politècnica de València ha encontrado una solución para este problema que afecta hasta el 40% de la cosecha.
Por Vicent Garcia Beltran
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Imagen de una naranja con una grieta en la piel, en un árbol, bajo el sol.
Investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV) han demostrado que una aplicación temprana de una hormona vegetal puede reducir significativamente el rajado en cítricos, un problema que causa grandes pérdidas económicas.
Un equipo del Instituto Agroforestal Mediterráneo de la UPV ha identificado el mecanismo de acción de la hormona 2,4-D, que permite reforzar la piel de los frutos. Este descubrimiento complementa estudios pioneros de los años 90 y ofrece una solución para uno de los principales problemas del sector citrícola a nivel mundial.
El rajado se produce cuando la pulpa del fruto crece más rápido que la piel, especialmente tras las primeras lluvias del otoño. Si la corteza no se expande al mismo ritmo, acaba rompiéndose, lo que provoca pérdidas que pueden alcanzar el 40% de la cosecha en variedades de mandarina como la Nova y algunos tipos de naranja como las Navel.
El estudio, realizado en plantaciones comerciales de mandarina Nova en la Comunitat Valenciana, revela que la aplicación de ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D) en una fase específica del desarrollo del fruto puede reducir el rajado hasta un 70%, sin afectar al tamaño ni a la calidad. Este método aumenta significativamente el rendimiento final de la cosecha.
El secreto reside en fortalecer la piel de los frutos desde dentro. Gracias al tratamiento, las células de la corteza se vuelven más grandes, más flexibles y con paredes más gruesas, lo que permite que la piel se estire mejor a medida que el fruto crece. La clave es aplicar el producto en el momento justo, cuando el fruto empieza la fase lineal de crecimiento, y no necesariamente en grandes cantidades.



