Carrocerías Benigno de Meira cierra sus puertas tras medio siglo de actividad
El taller, conocido por sus carrocerías para camiones, pone fin a una trayectoria iniciada en 1972.
Por Breixo Carballo Doval
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Letrero antiguo de 'Carrocerías Benigno' en una fachada, con un cartel de 'Cerrado por jubilación'.
Después de más de cincuenta años de dedicación al sector del transporte, el reconocido taller Carrocerías Benigno, ubicado en Meira, cierra sus puertas debido a la jubilación de su responsable, marcando el fin de una era.
Un cartel en la entrada del establecimiento anuncia su cierre definitivo, poniendo fin a una larga trayectoria que comenzó en 1972. El nombre del negocio, Carrocerías Benigno, se mantiene intacto en la fachada, recordando a muchos las faldillas de los camiones que circularon por las carreteras gallegas y más allá.
El fundador, originario de A Pontenova, inició su carrera como herrero en Riotorto, un municipio con gran tradición en la forja. Su visión emprendedora lo llevó a establecer una carpintería metálica en Meira, que con el tiempo evolucionaría hacia la fabricación de carrocerías para vehículos.
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"Se le ocurría de todo, siempre fue emprendedor y nunca le tuvo miedo al trabajo. Él fue el mejor maestro que tuve, porque me hizo volver atrás muchas veces para hacerlo bien."
Los primeros encargos incluyeron carrocerías para transporte de maquinaria, ganado equino y leche, lo que rápidamente generó una demanda creciente. Esta expansión llevó a la construcción de una nave anexa para satisfacer la necesidad de espacio y atender pedidos tanto de particulares como de grandes empresas de la zona.
El hijo del fundador asumió la dirección del negocio a los 22 años, adaptándose a las evoluciones del mercado y a la creciente burocracia. Durante medio siglo, el taller realizó una gran variedad de trabajos, desde plataformas para madera de hasta 13,60 metros de largo hasta carrocerías para paquetería, ganado y modelos basculantes, incluyendo diseños pioneros que se convirtieron en referencia en el sector.
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"Da pena, porque son muchos años luchando y es triste ver que se acaba todo; tenemos muchos clientes que son como familia y da pena dejarlos, porque no queda quien haga nada."
Aunque el responsable cumplió los 65 años el pasado 13 de abril, continuó trabajando para finalizar los compromisos pendientes. El cierre de la empresa, que no tendrá relevo generacional, deja un sentimiento de pena entre sus responsables y sus clientes, muchos de los cuales fueron fieles durante más de 40 años, pero también la satisfacción del trabajo bien hecho.