El calentamiento global tiene una consecuencia poco visible que empieza a sentirse tanto en los hogares como en el sistema energético. Cuanto más se calienta el planeta, más electricidad necesitamos para refrigerarnos. Mantener una temperatura habitable en viviendas, oficinas, hospitales o comercios está aumentando la dependencia de la refrigeración eléctrica y elevando la demanda de energía a niveles inéditos.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), cada grado adicional durante una ola de calor puede incrementar la demanda máxima de electricidad entre un 2% y un 4%. Lo que hasta hace pocos años era un problema puntual de algunos países cálidos se está convirtiendo en un desafío estructural para los sistemas eléctricos de todo el mundo. La paradoja es que, mientras gobiernos y empresas impulsan la electrificación para reducir emisiones, el propio calentamiento global está acelerando el consumo eléctrico, haciendo necesaria no solo energía más limpia, sino mucha más energía.
Las olas de calor están impulsando récords de demanda eléctrica en decenas de países. El crecimiento del aire acondicionado se ha convertido en uno de los principales motores del consumo energético mundial, obligando a ampliar la capacidad de generación, reforzar las redes y desarrollar nuevas soluciones de almacenamiento.
En España, los hogares incrementan de media un 11,3% su consumo eléctrico durante los meses de verano. En algunas de las zonas más cálidas del país el aumento es mucho más acusado: alcanza el 45,3% en Murcia, un 36,5% en la Comunitat Valenciana, y supera el 30% en Andalucía y Baleares. Aunque el invierno sigue concentrando más consumo energético agregado, la refrigeración gana cada vez más peso en la factura de los hogares.
Una vivienda media puede pasar de pagar alrededor de 72 euros mensuales a más de 131 euros por un uso intensivo del aire acondicionado. Durante una ola de calor, el consumo aumenta y, además, suele coincidir con un incremento del precio de la electricidad, duplicando el impacto sobre la factura.
La necesidad de producir más electricidad justo cuando millones de hogares conectan simultáneamente sus sistemas de refrigeración es un reto. España cuenta con la ventaja de la energía solar fotovoltaica, pero el desafío aparece al caer la tarde, cuando la demanda de refrigeración sigue siendo elevada y el sistema necesita recurrir a otras fuentes o a sistemas de almacenamiento.
La AIE insiste en que la eficiencia energética será tan importante como la construcción de nuevas infraestructuras. Equipos más eficientes, mejor aislamiento de los edificios y una gestión más inteligente de la demanda pueden reducir parte de la presión sobre el sistema. El calor extremo es un fenómeno económico y energético que obliga a consumir más electricidad, incrementa la necesidad de inversión en redes y almacenamiento, y convierte la refrigeración en un elemento cada vez más esencial.




