La persistencia de la inflación en la eurozona ha llevado al Banco Central Europeo (BCE) a dar el paso de elevar los tipos de interés en 25 puntos básicos, la primera subida en tres años y que podría no ser la última si los precios continúan mostrando una tendencia al alza. La decisión llega después de que la inflación en la eurozona haya superado nuevamente el umbral del 3%, un nivel que ha encendido todas las alarmas.
El BCE tiene como principal mandato mantener la estabilidad de precios y situar la inflación por debajo del 2%. La medida, por tanto, tiene una justificación clara: reducir el consumo. Sin embargo, como ocurre con todas las decisiones económicas, la medida también tiene consecuencias negativas. La subida de los tipos encarece el acceso al crédito para familias y empresas, las hipotecas a tipo variable verán aumentar sus cuotas, los préstamos serán más caros y las condiciones de financiación se endurecerán.
En España, la situación preocupa especialmente. Los precios volvieron a aumentar en mayo y ya acumulan cinco meses consecutivos por encima del 3%. La moderación registrada en los costes energéticos y los alimentos ha sido compensada por el encarecimiento de los servicios, que continúa ejerciendo una fuerte presión sobre el IPC, y las perspectivas para los próximos meses no son especialmente optimistas.
Desde el 1 de junio, el Gobierno eliminó varias medidas fiscales que habían contribuido a contener el coste de la energía como la rebaja del IVA de la electricidad y el gas y el Impuesto a la Generación Eléctrica, cuyo efecto se constatará en la factura de hogares y empresas en los próximos meses.
En este contexto, se observará si se consolida la estabilidad del tráfico petrolero a través del Estrecho de Ormuz, aunque la inflación continuará siendo uno de los principales desafíos económicos. Su impacto sobre el poder adquisitivo de las familias, la capacidad de ahorro y el coste de la financiación seguirá condicionando las decisiones tanto de los hogares como de las empresas, mientras el BCE mantiene la puerta abierta a nuevas subidas de tipos si los precios no muestran una desaceleración clara y sostenida.




