El objetivo principal es potenciar el marketing y la visibilidad del pan gallego, buscando un mayor crecimiento en el mercado. Según un portavoz de la Asociación Provincial de Fabricantes de Pan de Lugo, la meta es "incrementar todo lo que se pueda en este camino" para el producto con sello de calidad.
Aunque el sello de calidad aporta prestigio y protege el pan de imitaciones industriales, la adhesión de nuevas panaderías a la IXP Pan Galego avanza lentamente. La principal razón es que los obradores tradicionales ya venden toda su producción y perciben la certificación como un aumento de la burocracia y los controles de trazabilidad.
“"El sector tiene mucho trabajo, pocas posibilidades de trabajadores y menos cualificados."
Uno de los ejes estratégicos es la recuperación del cereal autóctono gallego, una meta que se considera más viable que nunca gracias a la tecnología actual. Este proyecto permitiría aprovechar terrenos cultivables y reducir la dependencia de harinas foráneas, que llegan a la comunidad en grandes cantidades. La diferenciación del pan, con subzonas geográficas que destacan particularidades como el pan de Lugo o el de Carral, junto con el uso de hornos de piedra y masas madre, confiere un "sabor diferencial".
A pesar de la competencia del pan industrial, el producto auténtico se vende sin dificultad. En 2023, la IXP Pan Galego certificó más de 45.000 kilos, con un valor superior a los 180.000 euros. Sin embargo, estas cifras son consideradas modestas en comparación con el potencial de crecimiento del sector.
El principal desafío para el futuro es el relevo generacional, un problema que afecta a todo el territorio. Aunque es un oficio "duro", se describe como "muy satisfactorio", y se aspira a que en cinco años haya más puntos de fabricación y que los jóvenes vean en él una oportunidad laboral positiva.




