El zumbido constante de los drones marcó el ritmo de la jornada, que acercó a la ciudad herculina un deporte aún de nicho pero que gana adeptos. La iniciativa está impulsada por un joven coruñés, quien descubrió su pasión por las carreras de drones con apenas diez años y ahora busca dar a conocer esta disciplina en Galicia.
Tras pasar por Vigo, Santiago y Marín, la competición continuará en Ferrol antes de una gran final cuya ubicación y formato están aún por definir, con la ambición de convertirla en un evento de mayor envergadura y diferenciado.
La jornada reunió a parte de los dieciséis pilotos que compiten en la liga, aunque la organización permite inscripciones puntuales en cada ciudad para facilitar la participación. El formato incluye una fase clasificatoria para ordenar a los pilotos por tiempos y una fase final con mangas de cuatro drones, culminando en una final con dos pilotos del cuadro principal y dos del cuadro de repesca.
“"Es muy de nicho y requiere una inversión inicial importante."
Los protagonistas en pista fueron los drones de la categoría Tiny Whoop, pequeños y ligeros, con menos de treinta gramos de peso, pero capaces de alcanzar velocidades cercanas a los cien kilómetros por hora. Aunque en circuitos interiores no explotan todo su potencial, en exteriores los drones más grandes pueden rozar los trescientos kilómetros por hora.
El circuito, delimitado por aros y obstáculos iluminados con luces LED, creó un espectáculo visual. Los pilotos, equipados con gafas FPV, controlaban los drones viendo en tiempo real lo que captaban las cámaras, mientras el público seguía cada maniobra a través de una pantalla de televisión que mostraba las cuatro cámaras simultáneamente.




