La industria textil, responsable de una quinta parte de las aguas residuales a nivel mundial, enfrenta un nuevo desafío. Un estudio publicado en la revista Journal of Hazardous Materials señala que algunos sistemas de depuración electroquímica, diseñados para descomponer colorantes, pueden crear en realidad sustancias peligrosas para la salud humana y el medio ambiente.
Los métodos electroquímicos aplican electricidad al agua para degradar los contaminantes orgánicos. La adición de cloruro de sodio (sal común) mejora la conductividad y acelera el proceso, pero también favorece la formación de especies reactivas de cloro. Estas, a su vez, pueden dar lugar a subproductos de desinfección nocivos, como el cloroformo y el bromoformo.
El profesor Sean McBeath, de la Universidad de Massachusetts Amherst, explica que la eficacia del tratamiento aumenta con la sal, pero a un precio desconocido hasta ahora. Las concentraciones de subproductos tóxicos encontradas en los estudios, especialmente con colorantes azoicos y bromados, triplican y superan diez veces los límites establecidos por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) para el consumo humano.
En España, a pesar de los sistemas sofisticados, los procesos actuales aún no eliminan el 100% de los residuos textiles, según el Instituto del Agua. Las concentraciones detectadas suponen un riesgo significativo, tanto para los trabajadores de la industria como para el ecosistema acuático y, en última instancia, para la salud humana si llegan a fuentes de agua potable.
El estudio propone varias vías de mitigación: el uso de sulfato de sodio en lugar de cloruro de sodio, aunque más lento; la aplicación de catalizadores innovadores, que son costosos; o la mejora de la ventilación en las fábricas. La decisión final recae en las empresas, que deben sopesar el coste del tratamiento adicional frente a la necesidad de proteger a los trabajadores y al medio ambiente.




