La llegada del Informe Fénix abre un debate necesario sobre el modelo económico catalán y su traducción en bienestar social. El informe realiza un diagnóstico sectorial riguroso, analizando la productividad, el mercado laboral, la industria, los servicios y el turismo, y propone medidas para repensar el modelo. Sin embargo, surge la pregunta clave: ¿el crecimiento económico se traduce suficientemente en mejores salarios y cohesión social?
Desde una perspectiva leridana, se pone de manifiesto que una mirada puramente sectorial puede ser insuficiente. Los sectores económicos están intrínsecamente ligados a su geografía, y las políticas públicas pueden tener efectos muy diversos según el territorio donde se apliquen. Una solución para el área metropolitana podría no ser adecuada para comarcas con realidades económicas, sociales y demográficas diferentes.
El ejemplo del turismo ilustra esta cuestión. Mientras el informe propone medidas fiscales para gestionar externalidades y ordenar el sector, es necesario considerar el impacto en territorios que apuestan por un turismo familiar, sostenible y vinculado al patrimonio, lejos de la masificación. Una política que resuelve un problema en un lugar puede limitar oportunidades en otro si no incorpora una visión territorial.
Esta diversidad territorial también afecta a la industria, la logística, la energía y el sector agroalimentario. Cataluña es un país territorialmente diverso, y esta diversidad debe ser vista como un activo a gobernar mejor, no como un inconveniente. Las transformaciones económicas solo serán eficaces y justas si tienen en cuenta las realidades concretas de cada territorio.
Durante años, se ha tendido a pensar en una Cataluña económicamente homogénea, ignorando las diferencias entre la Cataluña metropolitana, Ponent, el Pirineo, el Ebro, el Camp o la Cataluña Central. Esta falta de reconocimiento de las realidades y complejidades del país puede agravar los desequilibrios existentes. Por lo tanto, los informes económicos, para ser completos, deben incorporar una mirada territorial profunda.
En conclusión, Cataluña necesita una economía más productiva, innovadora y cohesionada, pero también una nueva forma de pensar las políticas públicas: menos uniforme y más consciente de la pluralidad del país. El debate abierto por el Informe Fénix invita a reflexionar sobre esta necesidad de una visión territorial integrada.




