La compañía, que operaba desde hacía 34 años, necesitaba una inyección de 500 millones de dólares (aproximadamente 426 millones de euros) para mantenerse a flote. A pesar de los esfuerzos, no logró convencer a sus acreedores ni obtener el apoyo de la Casa Blanca, lo que precipitó su cierre este sábado.
Esta situación deja sin empleo a unos 15.000 trabajadores y llega después de que la aerolínea ya hubiera superado una crisis financiera en el verano de 2025. La quiebra de Spirit Airlines se atribuye directamente al impacto de la guerra en Oriente Medio en el coste del queroseno.
Otras grandes aerolíneas como JetBlue, Ryanair y EasyJet también han tenido que adaptarse a la nueva realidad, cancelando rutas o aumentando el precio de los billetes para asegurar la viabilidad de sus negocios. Lufthansa, por ejemplo, ha eliminado 20.000 vuelos hasta octubre.
Las grandes corporaciones aéreas disponen de más recursos para absorber estas subidas de precios, principalmente gracias a estrategias de cobertura como el hedging, que les permiten asegurar precios de combustible a futuro. En España, las aerolíneas han transmitido un mensaje de tranquilidad a los usuarios, destacando la capacidad de las ocho refinerías de petróleo existentes en el país para garantizar el abastecimiento de queroseno a medio plazo.




