La iniciativa, liderada por la entidad PallarsActiu, no solo busca reintroducir variedades que se habían dejado de cultivar, sino también proporcionar una opción rentable para los agricultores de la comarca. El estudio ha evaluado cuatro variedades –espelta pequeña, cebada, lenteja y haba– en parcelas ubicadas en Salàs de Pallars, Sant Esteve de la Sarga y Talarn.
“"Ha demostrado una gran capacidad de adaptación a situaciones de estrés hídrico y altas temperaturas."
Según la responsable técnica del estudio, la espelta pequeña ha destacado por sus resultados, mostrando una notable adaptación a condiciones adversas. Estas variedades ancestrales, a diferencia de los cereales industriales, requieren menos fertilizantes y se adaptan mejor a la orografía y al clima de montaña, ofreciendo un producto final de calidad superior, como harinas con menos gluten.
Para los agricultores, este modelo implica una menor cantidad de producción, pero con un precio de mercado significativamente más alto. Un agricultor local, que ha cedido fincas para la experimentación en Salàs de Pallars, ya cultiva 15 de sus 60 hectáreas con cereales antiguos ecológicos.
“"Los cereales antiguos producen menos kilos por hectárea, pero su precio es mucho más alto."
El proyecto de PallarsActiu va más allá del cultivo, buscando cerrar un círculo de producción, transformación y consumo dentro de la comarca. El objetivo es crear una red que conecte productores, molinos y panaderías, reteniendo el valor añadido en el territorio y generando oportunidades para las nuevas generaciones de agricultores.
El estudio ha identificado dos líneas de comercialización: harinas de calidad para el consumo humano y pienso ecológico para la ganadería extensiva. La producción de pienso con cereales de la Conca de Tremp podría abastecer a ganaderos del Pallars Sobirà, el Pallars Jussà y comarcas vecinas, reduciendo costes y dependencia externa.
A pesar de los buenos resultados, el proyecto se enfrenta al reto de la industrialización, ya que la comarca carece de instalaciones para transformar el grano en harina a gran escala. Se propone el cooperativismo como vía para invertir en infraestructuras, como un molino harinero propio, para asegurar que todo el proceso se mantenga en el territorio, generando riqueza y fijando población.




