La posible extensión de la vida útil de las centrales nucleares de Almaraz I y Almaraz II, con cierre previsto para noviembre de 2027 y octubre de 2028 respectivamente, ha abierto una ventana de oportunidad para los reactores catalanes. Esta decisión, pendiente del informe del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y la aprobación del Gobierno, podría influir en el futuro de Ascó I (cierre en 2030), Ascó II (2032) y Vandellòs II (2035).
“"Una prórroga de Almaraz nos daría aire."
Los representantes municipales de las zonas con centrales nucleares insisten en la necesidad de basar las decisiones sobre la continuidad de estas instalaciones en criterios técnicos, alejados de consideraciones ideológicas. El CSN, por su parte, ha reiterado que su función se limita a evaluar la seguridad nuclear, sin entrar en debates políticos o estratégicos sobre el modelo energético.
“"Es muy importante que si el 'no' del Consejo es vinculante, el 'sí' también lo sea, porque significa que la central está preparada."
La dependencia energética es uno de los argumentos clave esgrimidos por los municipios. Un cierre sin alternativas energéticas maduras podría implicar recurrir a fuentes más contaminantes, como las centrales de gas, comprometiendo los objetivos de reducción de emisiones. Además, la industria nuclear representa cerca de 3.000 puestos de trabajo directos e indirectos en el entorno de Ascó y Vandellòs, y los tributos asociados a las centrales constituyen una parte sustancial de los presupuestos municipales.
El Consell Comarcal de la Ribera d'Ebre ya aprobó en febrero una moción a favor de la prórroga de la vida útil de las centrales, con el apoyo unánime de todos los grupos políticos. Esta postura refleja la preocupación local por las consecuencias económicas y sociales de un cierre sin una transición justa y alternativas suficientes.




