La propiedad, ubicada en la zona de Caserones, se presenta como una de las ofertas inmobiliarias más exclusivas de la isla. Con una extensión de 80.000 metros cuadrados, esta finca no solo destaca por su tamaño, sino también por su potencial como proyecto de inversión en el sector agrícola y vinícola.
La residencia principal, de dos plantas y 225 metros cuadrados, mantiene una arquitectura tradicional adaptada a la vida rural, con amplios dormitorios y suelos de madera. Adicionalmente, cuenta con una segunda edificación, la antigua casa del mayordomo, que conserva su estructura original y ofrece posibilidades de rehabilitación para invitados o uso complementario.
En un mercado inmobiliario con escasa oferta de activos de este tipo, la finca ofrece una ubicación privilegiada que combina entorno rural con buena accesibilidad, a unos 10 minutos de Santa Brígida y 25 de Las Palmas de Gran Canaria. Su bodega, completamente equipada y en funcionamiento, permite la elaboración de vinos propios, representando una oportunidad para enólogos y viticultores.
Además de los viñedos, la propiedad incluye una selección de árboles frutales como naranjos, limoneros y olivos. Dispone de un sistema de riego por goteo, un estanque de agua y un cuarto técnico para asegurar el mantenimiento eficiente de la explotación. Estas características la posicionan como una inversión atractiva en agricultura, viticultura o agroturismo, más allá de su valor de 12 millones de euros.




