El clima podría predecir brotes de Ébola

Un estudio de la Universidad de Málaga identifica la relación entre patrones climáticos y la aparición de la enfermedad, proponiendo un sistema de vigilancia.

Imagen genérica de patrones climáticos abstractos y áreas de riesgo de enfermedad, sin nombres propios ni representación del virus o personas.
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Imagen genérica de patrones climáticos abstractos y áreas de riesgo de enfermedad, sin nombres propios ni representación del virus o personas.

Un estudio liderado por la Universidad de Málaga ha revelado que los brotes de Ébola están relacionados con patrones climáticos a gran escala, lo que podría permitir anticipar su aparición y mejorar la vigilancia epidemiológica.

La investigación, en la que también participan el Instituto Español de Oceanografía, la Universidad Metropolitana de Manchester y el Centro para la Investigación Forestal Internacional, denomina a estos vínculos “teleconexiones climáticas”. Los científicos proponen su análisis como una “pista” para predecir dónde y cuándo aumenta el riesgo de Ébola.
Según datos del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de la República Democrática del Congo hasta el 26 de septiembre, la epidemia iniciada en mayo ha registrado más de 8.000 infecciones confirmadas y 3.901 fallecimientos, con una tasa de letalidad cercana al 50 por ciento.
Este hallazgo, publicado en la revista científica Stochastic Environmental Research and Risk Assessment, se basa en el análisis de 49 brotes registrados en África entre 1976 y 2025, comparados con 26 índices de oscilación climática. La herramienta predictiva podría detectar señales de alerta temprana para identificar periodos y regiones con condiciones meteorológicas más favorables para la aparición de brotes.
Los investigadores identificaron cuatro índices de oscilación climática especialmente relacionados con la distribución del virus, siendo la oscilación decanal del Pacífico (PDO) el factor macroclimático más importante. Según el catedrático de Zoología de la UMA, Raimundo Real, estas oscilaciones modifican patrones meteorológicos, como las precipitaciones en África, alterando condiciones ecológicas que favorecen la aparición de brotes.
El catedrático Jesús Olivero, especializado en Biogeografía y Macroecología en la Universidad de Málaga, aclara que estos indicadores climáticos remotos no causan directamente el Ébola, sino que actúan como una “pista” anticipatoria de condiciones ambientales más próximas al fenómeno biológico. Destaca la importancia de contar con sistemas de alerta temprana para anticiparse a los brotes mediante la observación de factores de riesgo.
La “ventana útil” de estas oscilaciones climáticas se estima entre seis y doce meses antes de un posible evento, lo que limita su capacidad predictiva autónoma actual. No obstante, el estudio plantea un avance como herramienta de vigilancia que permite activar medidas de preparación ante un incremento del riesgo, identificando periodos y lugares que requieren mayor atención epidemiológica.
El equipo científico de la UMA, que incluye a los investigadores Miguel Ángel Farfán y Ana L. Márquez, lleva más de una década estudiando la distribución del virus del Ébola en África para comprender mejor sus mecanismos de transmisión y la aparición de nuevos brotes. El Ébola es una enfermedad zoonótica transmitida por animales.
El proyecto se integra en el marco del proyecto ‘Patogeografía espacio-temporal de las zoonosis mediadas por vertebrados voladores’, cofinanciado por los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (FEDER) y gestionado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, así como en el proyecto PPRO-RNM262-G-2023 de la Universidad de Málaga, financiado por la Junta de Andalucía y el FEDER. También ha contado con el apoyo del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).
Información elaborada a partir de la fuente oficial: UMA Divulga — Universidad de Málaga (26/10/2026)